domingo, 23 de marzo de 2008

FUNNY FACE

Ella no dijo nada pero los hay que saben
(sabemos) la verdad que yo revelo ahora.
Aquella que atendía al nombre de Audrey Hepburn
se hizo carne y bajó a esta tierra de huesos
con la excusa feliz de alegrarnos a todos,
de achisparnos los ojos, de aliviarnos el luto,
de salpicar las horas que nos marcan el paso.
Y todos fuimos guapos a la luz de su luna,
y todos nos libramos, al fin, de nuestros miedos,
y todos conseguimos cuajar esa gran noche,
la peli de la vida, la nuestra, con el beso
sabor a happy end que todos le robamos.
Dicen que cuando niña odiaba las muñecas
(“no parecen reales”) y las tiraba al suelo
tejiendo su venganza, sabiendo que sería,
sangre, sudor y risas, la muñeca del mundo
con sus ciento setenta centímetros de altura
y el radio de su ombligo, clavando los cincuenta.
“No ha estado mal, cariño, teniendo en cuenta que
careces de talento”, le sentenció la madre.
Justo después fue cuando el mundo se inclinó
ante su viva imagen de sueño con zapatos.
En “Love in the afternoon” le puso Billy Wilder,
a enumerar la lista de todos sus defectos:
“Tengo los pies muy grandes, me salen las orejas,
demasiado delgada, algún diente torcido
y mi cuello es muy largo, como de cisne triste”
para a continuación dejar que Gary Cooper,
se alzara en portavoz universal: “quizá,
pero adoro la gracia de todo en su conjunto”.
Una vez que supimos, definitivamente,
que los ángeles tienen esencia de mujer
volvió a subir al cielo dejando en evidencia
el “more stars than heaven” que aquí quedó, tan hueco.
Y cada vez que pongo alguna de las suyas
de entre los muertos vuelve con un ramo de besos
a hacer –bendita sea- brillar mi habitación.